No pudieron levantar la Copa, pero levantaron a todo un país - Anthony Frassino González
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No pudieron levantar la Copa, pero levantaron a todo un país

No pudieron levantar la Copa, pero levantaron a todo un país

El inicio de este año fue diferente para la Vinotinto sub 20. Primero clasificó a la Copa Mundial quedando por encima, en la liguilla Sudamericana, de los dos equipos que en conjunto tienen más copas mundiales ganadas que el resto de los campeones juntos—Argentina 6, Brasil 5—. Arribaron a Korea del Sur siendo la sexta plantilla con más valor del torneo y rápidamente se convirtieron en el mejor equipo de la primera ronda, al ganar los tres primeros juegos marcando 10 goles y no permitiendo ninguno en su portería.

Pero la hazaña apenas comenzaba. En octavos de finales vencieron al campeón de Asia (Japón), en cuartos de finales superaron al campeón de la Concacaf (EE.UU) y en semifinales al campeón Sudamericano (Uruguay). Llegaron a la final con mérito indiscutible y con unas ganas inquebrantables.

Sin embargo, los mejores resultados no se daban precisamente en la cancha sino fuera de ella. Con cada fase que superaban iban levantando al país, no solo porque para verlos jugar teníamos que despertarnos en la madrugada, sino que con sus fuerzas nos alzaron el ánimo que en estos tiempos de difíciles circunstancias los teníamos caídos.

Sacaron lo mejor de nosotros. Nos unieron en tiempos de división y vimos por ejemplo como Federico Rojas —comentarista deportivo— luego de la épica victoria en penales contra Uruguay, se puso a rezar arrodillado, con libro en mano y lágrimas en su rostro. Una imagen que nos hizo comprender —por fin— porqué los narradores de otros países lloraban al ver ganar a su equipo.

Al estar en la final, hicieron que el mundo entero pronunciara el nombre de Venezuela y supe que eran unos verdaderos campeones —incluso perdiendo el partido—cuando las cámaras enfocaron a varios asiáticos vistiendo la franela de la Vinotinto. ¡Que orgullo más grande! Venezuela entera llora, pero a diferencia de las lágrimas que hemos derramado en estos duros momentos, las que ellos nos han sacado son de orgullo.

Hablando en términos futbolísticos, no hay objeción ni critica para estos muchachos por perder la Final. Pusieron a un equipo, plagado de jugadores de la primera división inglesa, a perder tiempo para terminar un partido a punto de irse al alargue. Sin duda tenemos mucho que agradecerles, en especial al arquitecto de este proyecto Rafael Dudamel, por esta emoción tan grande de convertirnos en finalistas de un mundial.

Al final el torneo nos deja un sabor más dulce que amargo porque esta vez no pudieron levantar la Copa, pero si a todo el país.

AFG.

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