SEAMOS COMO LAS AVISPAS PANAMEÑAS - Anthony Frassino González
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SEAMOS COMO LAS AVISPAS PANAMEÑAS

SEAMOS COMO LAS AVISPAS PANAMEÑAS

Era la quinta semana del reto “52 libros 2018”, y la vida, que tiene su propio tiempo y escalas, no sabe de complicaciones personales ni de pausas para coger aire. En vista de que como pasa con frecuencia, las obligaciones estaban poniéndome todo más cuesta arriba, hice un poco de trampa y elegí un libro más ligero y corto, que no me exigiera muchas horas al día para cumplir con la meta.

Esa estratagema debí aprenderla en el gimnasio, cuando mis entrenadores, conscientes de que yo no podía ir todos los días a matarme con las pesas, me elaboraban planes a la medida para que no anduviese yo por ahí pareciendo un alma en pena, de esas que van todos los días a ejercitarse y reducen el tamaño del bolsillo, pero no la grasa en el abdomen. Para más, la agenda en la oficina fue particularmente dura y complicada, así que previendo lo que se me venía encima, y para no abandonar la tarea (como sí hice con el gimnasio varias veces) decidí lanzarme con “Despertemos, itálicos”, de Piero Bassetti.

La edición que tengo tiene 95 páginas, lo que dividido entre siete, cubriría con dedicarle solo media hora al día. Pintaba bien la cosa. Resulta que es un manifiesto del doctor Bassetti para que los “itálicos” (una comunidad conformada, según el autor, por todos los que comparten o están en contacto con la cultura italiana) tomemos conciencia de la existencia de esta comunidad y nos unamos para llevar ese conocimiento global a nuestra localidad, logrando un futuro “g-local”.

Las ideas de Bassetti son visionarias y ambiciosas, y me hicieron girar la mirada más allá de mi descendencia italiana, trayéndolas a la región que me vio nacer: Latinoamérica. En el texto, Bassetti cita a Zygmunt Bauman, quien contribuyó con el esclarecimiento de la posibilidad de que sujetos de diferente origen, naturaleza e intereses, se encuentren y convivan en comunidades funcionalmente compactadas, sin que tal cosa genere fricciones e intolerancia:

“En un artículo sobre el tema de la inmigración y de la identidad en el mundo globalizado, Bauman parte desde el descubrimiento realizado dos años antes por un grupo de investigadores de la sociedad zoológica de Londres en una expedición a Panamá para averiguar el comportamiento de insectos altamente sociables: las avispas.

 Los investigadores londinenses habían monitoreado por más de seis mil horas los movimientos de 422 ejemplares de avispas pertenecientes a treinta y tres nidos diferentes, con un resultado interesante: en el periodo de observación habían cambiado de nido el 56% de los insectos monitoreados, es decir, más de la mitad. Como si tuviesen un pasaporte o una visa, las avispas de Panamá se habían mudado de un nido a otro, de una sociedad a otra. Lo habían hecho “legítimamente”, sin que la comunidad de llegada dudase siquiera de la pertenencia o de la admisión al grupo. En los nuevos territorios habían conducido su vida realizando sus tareas consuetudinarias, buscando alimento y compartiéndolo con las otras. No como huéspedes temporales, sino como nuevos miembros de la sociedad de llegada, sin ser rechazados ni obstaculizados, más bien integrados a la vida social de la segunda comunidad de pertenencia.”

Confieso que me llamó mucho la atención la lectura de este fragmento, porque inmediatamente trajo a mi mente las pobres y vacías concentraciones de un pequeño grupo de panameños protestando contra la comunidad venezolana que ha emigrado a ese país a consecuencia de la grave crisis que afrontamos en este momento. Estoy seguro —y así lo he podido constatar— de que el grupo xenofóbico existente en Panamá es sumamente reducido en comparación a la totalidad de sus ciudadanos, pero también es cierto que este pequeño grupo hace bastante ruido haciendo pensar lo contrario.

A ellos les hablo, al igual que al resto de latinoamericanos, para invitarlos a que seamos como las avispas panameñas: que aprendamos a convivir y empoderarnos los unos de los otros, porque queramos o no, nuestra región está unida por lazos ancestrales imposibles de romper. Si los ignoramos, se convierten en cadenas que atan a los países en la miseria y desesperanza, pero si los aceptamos se convierte en cuerdas con las cuales podemos ayudar a nuestros vecinos a salir del fondo. Y entre más países puedan estar “arriba”, económica y tecnológicamente hablando, más fácil será que la región progrese en bloque.

A lo largo de los siete días, para poder cumplir con las obligaciones adquiridas, me levanté más temprano en comparación a las semanas anteriores y continué con la estrategia de coger el libro al despertar. Así logré superar el objetivo de esta fase del reto “52 Libros 2018” sin desfallecer ni abandonar. Solo cogí un poco de aire para afrontar las otras 47 semanas.

 

AFG.

 

“Todo lo que es valioso en la sociedad humana

depende de la oportunidad  para el desarrollo que se concede a los individuos”

 Albert Einstein

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